El rápido crecimiento de la inteligencia artificial está aumentando el consumo de energía y agua de los centros de datos en distintas regiones del mundo. Ante las críticas por su impacto ambiental, empresas como SpaceX y Blue Origin proponen una alternativa: desplegar centros de datos espaciales mediante grandes flotas de satélites conectados en órbita terrestre baja.
La llamada computación orbital promete energía solar constante y menor dependencia de sistemas de refrigeración, pero grupos ecologistas y expertos advierten sobre riesgos como la contaminación de la estratosfera, el uso intensivo de recursos minerales y el aumento de la contaminación lumínica.
Al mismo tiempo, surgen alternativas como la computación en el borde, modelos más eficientes y soluciones sostenibles para reducir la demanda energética de la inteligencia artificial.
Créditos: DW en español.





