Nominalismo

El presidente ha decretado, en diferentes ocasiones, el fin del neoliberalismo, el fin de la corrupción y ha dicho que la atención a la salud es universal y gratuita. Es proclive a enunciar “realidades” que solo existen en el discurso. Digamos tres obviedades: el neoliberalismo es una corriente de pensamiento que no se puede abolir por decreto, pero además muchas de las políticas del actual gobierno tienen esa impronta (la decisión y euforia con la que se defendió la firma del nuevo Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México, por ejemplo).

¿Puede hablarse del fin de la corrupción cuando un buen número de adquisiciones y obras de la actual administración se hacen por asignación directa sin procesos de licitación? El nuevo Instituto de Salud (Insabi) nace “sin reglas de operación, sin manuales, sin una planeación detallada de su implantación, sin una fase piloto de prueba y sin mayor presupuesto” (Chertorivski y Frenk.

Reforma 12-I-20), y así, por lo pronto, la atención a la salud ni es universal ni es gratuita. Bueno, a eso que existe solo en el discurso, pero no en la realidad se le llama nominalismo. El nominalismo no requiere de la realidad, vive en sí mismo. Sus enunciados son autorreferentes porque lo que se nombra es… aunque solo sea en los dichos.

En sí mismo el nominalismo es preocupante porque construye una realidad inexistente, aunque legiones puedan creer en ella. Es más, los que explotan el nominalismo saben que al enunciar algo no serán pocos los que “entiendan” que ya existe lo enunciado. Pero creer que, al declarar una cosa, ésta de manera automática se convierte en realidad puede llevar a espejismos delirantes.

Hay, no obstante, actividades en las que el nominalismo resulta imaginativo y virtuoso. Es el caso de los cuentos infantiles. Cuando Aladino frota la lámpara y aparece un genio que le concede lo que desea, estamos ante una realidad que surge al solo nombrarla. El genio es capaz de cumplir los caprichos de Aladino en un abrir y cerrar de ojos. Se nombra la cosa y la cosa aparece.

De igual manera el hada madrina de Cenicienta, con solo agitar su varita mágica, le concedió a la pobre joven esclavizada por su madrastra, un maravilloso vestido junto con sus zapatillas y un carruaje espectacular (digno de Disney). La Bella Durmiente despierta de su pesado sueño gracias al cariñoso y antitóxico beso del Príncipe.

Es bonito pensar que de manera instantánea las circunstancias pueden cambiar, que uno se transformará en otro, que la desgracia se trocará en fortuna o que la sumisión será relevada por la libertad. Con un chasquido de dedos o mejor aún, con el auxilio de un hada madrina o el genio de la lámpara, uno alcanzará los cambios deseados. El pequeño problema es que después de cierta edad es difícil creer en ese método de transformación.

Existe además otra fuente poderosa de inspiración del nominalismo: las religiones. Según el Génesis, Dios dijo “hágase la luz” y la luz se hizo. Fue un acto creador del Creador por excelencia. De la nada apareció lo que Dios nombró. Por otro lado, Jesús convirtió el agua en vino.

Una transformación radical y agradecible. Y con ayuda divina, Moisés logró que el emperador egipcio dejara partir a los judíos esclavizados en aquel reino. Y para remover las reticencias del emperador, Dios mandó diez plagas, cada una más atroz que la anterior.

Estamos hablando del Creador, del Todopoderoso, el que puede implantar realidades en la nada o trastocar las existentes de manera radical, modelar el mundo y su circunstancia con solo desearlo y nombrarlo. Dios todo lo puede y si no, no sería Dios. Basta con decir para que florezca luminosa la nueva realidad.

Lenin informó sobre las “tres fuentes y las tres partes integrantes del marxismo”, según él, nada más y nada menos que la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés. ¿Será que las fuentes de inspiración de nuestro presidente son los cuentos infantiles y las leyendas bíblicas? Es pregunta.

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Héctor de Mauléon __________________________ El cónclave se llevó a cabo el pasado lunes 24 de agosto en el restaurante Magazzino, de la colonia Condesa. Cinco o seis camionetas repletas de guardaespaldas se posicionaron frente al número 51 de la calle de Pachuca. De estas bajaron Andy López Beltrán y su hermano Gonzalo. Con ellos iba Daniel Asaf, el exjefe de la Ayudantía de la Presidencia en tiempos de AMLO: uno de los operadores de la red que recibió contratos millonarios

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