Llevamos casi un mes discutiendo el problema del “gasolinazo”, y ahora, las grandes repercusiones sociales que esta situación está causando. Que si va haber inflación, que si aumentarán los bloqueos de carreteras, que si continuarán los asaltos y rapiña a las cadenas comerciales y muchas otras calamidades.
Todo mundo opina sobre las razones del gasolinazo, que si se deriva de la Reforma Energética, que si era necesario eliminar el subsidio para ya no tener una situación injusta que nada más beneficiaba a los ricos, que si PEMEX es ineficiente y hay que abrir el mercado a los privados, y muchos otros sentires y comentarios.
Pero no he oído hasta ahora que se cuestione, lo que yo considero, como la verdadera causa de este megagasolinazo: que es nuestro sistema fiscal y la forma en que gastamos el presupuesto, en los tres niveles de gobierno: el federal, el local (los estados y la Ciudad de México) y el municipal, así como la ineficiencia en los servicios del gobierno.
En México tenemos a amplios segmentos de la población que simplemente no pagan impuestos, porque desarrollan sus actividades en la informalidad. Además, con la reforma fiscal del 2013, tenemos a las clases medias pagando enormes cantidades de impuesto sobre la renta, sin contar el IVA y el IEPS. Además hubo un aumento en el IVA al cobrar el mismo en las fronteras, y ahora el gran impacto del IEPS en la venta de gasolina y diesel.
Con lo anterior hemos creado el escenario para crear una tormenta perfecta. Los segmentos de la población, que son las clases medias, se les pegará duramente en sus bolsillos con los aumentos de los precios de las gasolinas, que tienen un fuerte componente de impuestos al consumo, a las clases de recursos más bajos se les pegará con los aumentos a los precios del transporte público, ya que los prestadores de dichos servicios repercutirán el aumento en los combustibles, y el aumento generalizado que habrá en los precios de los alimentos y otros bienes, en donde se reflejarán los incrementos en los costos de los fletes.
Por lo tanto, se crea la ira social derivada del aumento directo en los precios de los combustibles y las repercusiones en los precios de otros bienes de adquisición cotidiana, mientras el gobierno no resuelve la corrupción y el dispendio, ni los problemas de inseguridad, malos servicios educativos, de salud y de seguridad pública.
La solución de este problema debe de ser integral. Por un lado, el gobierno ya no puede tener el tamaño actual y pretender prestar servicios e intervenir en la conducta de los ciudadanos como lo ha estado haciendo a altos costos, con corrupción y sin resultados. El gobierno debe de achicarse, cancelar muchísimos proyectos y actividades que no le dejan nada al ciudadano, debe reducir los impuestos al consumo como el IVA y el IEPS. Pero por el otro lado, tiene que aumentar la base de personas que contribuyan al gasto público, y revisar los programas sociales para hacerlos impulsores de desarrollo humano y no de dádivas. En resumen, el gobierno debe replantearse a fondo ejercer el gasto.
El gobierno le quita al productivo para dárselo al improductivo de una manera corrupta e ineficiente, que a su vez genera improductividad, llevándonos a una espiral de economía negativa, que lo único que logra es reducir los niveles de crecimiento.
Debemos reestructurar nuestra economía, empezando por el gobierno, que debe de reducir impuestos para hacer que los productivos inviertan, generen empleos y creen riqueza que se distribuya en la población que a su vez genera más riqueza, en lugar de que se vaya al barril sin fondo del gobierno, que únicamente genera gasto y no desarrolla riqueza.
En otras palabras, el gasolinazo es un efecto de que el destino nos ha alcanzado y el sistema se ha agotado. Debemos generar una espiral de crecimiento, con bajos impuestos, gobierno delgado y eficiente, que desarrolle condiciones de seguridad y brinde justicia. Esto nos lleva a la inversión, al empleo y a la generación de riqueza, que con condiciones de mercado no monopólicas nos conduzca a la creación y crecimiento de nuevas empresas, que a su vez creen empleos y nos lleven al círculo virtuoso del desarrollo y crecimiento sustentable.
El gobierno y los sectores productivos deben de pactar nuevas reglas del juego para que crezca el país, generando, a partir de una reestructuración del sistema fiscal y, sobre todo, de la forma de gastar el presupuesto, un entorno económico adecuado para el desarrollo. Si no lo hacemos, tendremos que lidiar con regímenes autoritarios de derecha o de izquierda que nadie queremos.
Que este gasolinazo nos dé la oportunidad de replantar el rol que debe tener el gobierno para el bienestar de todos.





