A los hombres y mujeres de nuestra generación, la generación “X” nos dijeron en un momento la vida que a las mujeres ni con el pétalo de una rosa. Las palabras se quedan guardadas en el interior del ser humano y se practican en la vida cotidiana. La violencia física, verbal, económica y hasta institucionalizada hacen que nuestras mujeres sean la presa fácil de las garras de la violencia que vivimos como sociedad. En este contexto son las mujeres que en su calidad de género y además si son jóvenes las que más sufren los acosos de una violencia institucionalizada.
En el marco de la conmemoración del día internacional de la mujer, es precisamente un recordatorio al papel que realizan las mujeres en la vida actualmente. El contexto local, nacional e internacional hace que las mujeres sean la parte más vulnerable de una sociedad, son las que menos precepción tienen en trabajos iguales, son el género más acosado en lo laboral y en lo sexual, son al igual que la condición de juventud, quienes menos oportunidades de desarrollo tienen.
En función de lo anterior, la conexión entre ser mujer y ser profesionistas reviste un espacio muy especial y es señal de un avance, de una oportunidad entre iguales. Las oportunidades no son iguales, por eso la conmemoración para luchar por esos derechos consagrados a nivel internacional y que siendo una mujer un ser humano tienen en esa calidad los mismos derechos, no sólo por ser mujer cómo algunos misóginos quieren dar a entender sino por su condición humana.
Es en el seno familiar donde se reproducen las conductas sociales, es en casa donde se forman los “machos”, quienes golpean, hacen sus rabietas y hasta ejercen los diferentes tipos de violencia intrafamiliar. La reproducción de dicha violencia la extienden hasta la escuela, el centro laboral, el círculo de amigos e incluso en las relaciones sociales. La división del trabajo, junto con sus expectativas han hecho que ciertos oficios y artes sólo sean para un género, sin embargo, las barreras socioculturales también han cambiado y notablemente.
Uno de dichos cambios es el lenguaje y la comunicación oral que han estado usando las jóvenes, donde las expresiones no son las de un género en lo particular, lo que se pretende expresar es que las diferencias en el vocabulario usado a veces ya no definen al género. Esos son los efectos de una liberación femenina que alcanza los estratos sociales en una época de constantes cambios.
¿Han revisado acaso las conversaciones de sus hijos? Sería bueno tomar nota y proteger a las niñas que en una mala interpretación de sus derechos se exponen a una sociedad abierta pero no tan transparente y si maliciosamente degradada.
En fin, lo que este día 8 de marzo se conmemora es la exigencia a reconocer los derechos humanos sin importar el género, sin estereotipos pero si con una diferenciación biológica, que nos hacen ser diferentes pero con iguales oportunidades de desarrollo.
Las diferencias se complementan y por ello el derecho a llevar un nombre y un apellido no puede ser ni siquiera discutido (creo que es un derecho humano) los padres serán siempre los padres, eso ni un acta de nacimiento alterada lo puede quitar y ahora hasta la condición de madre le quieren quitar a las progenitoras.
Sobre el festejo, es un efecto mal entendido ya que no se festeja, no es un día de fiesta, sino de reconocer a la mujer que arriesga su vida como una “Adelita” cuando porta su uniforme azul en el departamento de policía. También es reconocer a las mujeres de blanco, quienes con sus manos atienden a los heridos en los hospitales. Reconocer a las profesionistas que en oficinas, centros escolares, en la calle y en su propio hogar forjan un destino y una esperanza de vida.
En conclusión, es una conmemoración para recordar los derechos de las mujeres y resguardar su integridad ante el acoso social de la cuál son víctimas.
Las mujeres en Ciudad Juárez llevan un estigma enraizado. “Las muertas de Juárez” son una de las marcas con las que hemos tomado de cerca un parteaguas y del cual no queremos que vuelvan a resurgir las alertas. Faltaría una sola, para con ella llenar de nueva cuenta de luto a una sociedad pujante como la nuestra. Ni una más, ni una menos. Sólo exigir una cosa: el derecho a la vida sin importar el género de la persona.





