{"id":11871,"date":"2017-02-19T07:00:00","date_gmt":"2017-02-19T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.opinionpublica.tv\/portada\/2017\/02\/19\/la-terquedad-de-la-memoria\/"},"modified":"2017-02-19T07:00:00","modified_gmt":"2017-02-19T06:00:00","slug":"la-terquedad-de-la-memoria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.opinionpublica.tv\/portada\/la-terquedad-de-la-memoria\/","title":{"rendered":"La terquedad de la memoria"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Luis Gonz\u00e1lez de Alba. Tlatelolco aquella tarde. Cal y Arena. M\u00e9xico. 2016. 130 p\u00e1gs\u2026.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, aquella tarde, la del 2 de octubre de 1968, marc\u00f3 la vida de Luis Gonz\u00e1lez de Alba. La de \u00e9l y sus compa\u00f1eros, los que participaron en las movilizaciones estudiantiles de aquel a\u00f1o. Pero no solo a ellos, sino a varias de las generaciones que los sucedieron\u2026 y al pa\u00eds. Despu\u00e9s de esa fecha M\u00e9xico no fue el mismo.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los hijos privilegiados de las pol\u00edticas post revolucionarias, los que estudiaban en los grandes centros de educaci\u00f3n superior p\u00fablicos (aunque tambi\u00e9n en algunas universidades privadas), ahogados por el verticalismo, la arbitrariedad y el autoritarismo, reaccionaron contra los abusos del poder, plantearon un pliego petitorio y realizaron unas movilizaciones masivas que la paranoia gubernamental no pudo procesar de manera medianamente civilizada. Se abri\u00f3 entonces una herida, una ruptura entre los j\u00f3venes universitarios y el (los) gobierno (s).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis fue un hombre obsesionado con aquellos acontecimientos, aunque de manera clara y rotunda siempre se revel\u00f3 contra la posibilidad de quedar atrapado en y por ellos. No quiso convertirse en una estatua viviente, en un \u00edcono del 68, por el contrario, a lo largo de sus d\u00edas pretendi\u00f3 y logr\u00f3 forjar una biograf\u00eda \u2013y una biograf\u00eda intelectual- que qued\u00f3 plasmada en novelas, poemas, art\u00edculos de difusi\u00f3n, testimonios, libros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis fue tambi\u00e9n un hombre obsesionado con la verdad. Y en el caso de aquella tarde, de manera subrayada. Se revel\u00f3 contra todo tipo de distorsiones, medias verdades, mitificaciones. Y \u00e9l, como testigo y sobreviviente, ten\u00eda una versi\u00f3n que \u2013insisti\u00f3- deb\u00eda ser escuchada y ponderada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El libro, que re\u00fane textos de diferentes \u00e9pocas, puede leerse como un texto decantado por el tiempo. Y como el testimonio de un autor, que contra viento y marea, defiende su verdad. Porque sabe que ella es intransferible (lo que \u00e9l vio y vivi\u00f3, solo \u00e9l lo vivi\u00f3 y vio), que no debe ser maquillada ni trucada. El libro, entonces, tambi\u00e9n puede leerse como una especie de testamento, \u201cnadie me lo cont\u00f3: la \u00faltima y nos vamos\u201d, dice en el \u201caviso\u201d de entrada Luis y hoy sabemos, por desgracia, en lo que estaba pensando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tlatelolco, aquella tarde contiene un muy buen y expresivo h\u00edper resumen de los acontecimientos de 1968. O de c\u00f3mo lo que se inicia como un pleito entre estudiantes se convierte en una aut\u00e9ntica tragedia. Esa puerta de entrada le ayuda a Luis a contextualizar los acontecimientos de la tarde-noche aciaga.<br \/> Luis, como representante de la Facultad de Filosof\u00eda y Letras al Consejo Nacional de Huelga (CNH), estaba en el balc\u00f3n del tercer piso del edificio Chihuahua.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su testimonio invariable fue lo que vio y sufri\u00f3. Luego de las bengalas lanzadas desde un helic\u00f3ptero, empez\u00f3 la balacera. Un grupo de j\u00f3venes, con el cabello corto, un guante blanco en la mano, y que luego se sabr\u00eda formaban parte del Batall\u00f3n Olimpia, irrumpieron en la tribuna y desde ah\u00ed dispararon. La tesis de Luis: el ej\u00e9rcito no sab\u00eda de la existencia de ese operativo y por ello disparaba hacia el tercer piso, y los j\u00f3venes del Batall\u00f3n Olimpia gritaban a voz en cuello trat\u00e1ndose de identificar para intentar que el ej\u00e9rcito no disparara m\u00e1s sobre ellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que \u00e9l constat\u00f3 fue \u201cla absoluta desorganizaci\u00f3n, la falta de mandos, la enorme confusi\u00f3n entre los primeros agresores, de civil, y la tropa regular, de verde. Los soldados siempre pensaron que desde arriba les dispar\u00e1bamos nosotros, los estudiantes\u2026\u201d. La pregunta que acompa\u00f1\u00f3 a Luis a lo largo de los a\u00f1os fue \u201c\u00bfQui\u00e9n y sobre todo por qu\u00e9, para qu\u00e9, lo hizo?\u201d. Son preguntas abiertas que reclamaban una reconstrucci\u00f3n puntual de los hechos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una reconstrucci\u00f3n que deb\u00eda (debe) apartarse de las versiones sin fundamento y por supuesto de las mentiras, como la oficial inicial, que deseaba culpar a los estudiantes de la masacre, acus\u00e1ndolos de haber disparado contra el ej\u00e9rcito. \u201cLos francotiradores de guante blanco y ropa de civil, primeros en disparar, cayeron en p\u00e1nico, desconcertados por el hecho, a todas luces explicable, excepto para ellos, de que el Ej\u00e9rcito les respondiera el fuego; sin duda eran disparos que no esperaban\u2026Y eso \u00fanicamente se explica si cre\u00edan ser parte de una operaci\u00f3n coordinada por la Secretar\u00eda de la Defensa\u2026y no lo era\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis narr\u00f3 varias veces, con detalle y consistencia, su experiencia el 2 de octubre (en el libro aparecen varios de esos textos). Y no es dif\u00edcil comprender el aut\u00e9ntico infierno que vivi\u00f3. Record\u00f3 la entrevista que un d\u00eda antes sostuvieron los representantes estudiantiles (Gilberto Guevara, Anselmo Mu\u00f1oz y \u00e9l) con los del gobierno (Andr\u00e9s Caso y Jorge de la Vega Dom\u00ednguez) y lo que \u00e9l considera, retrospectivamente, una especie de camisa de fuerza para los propios estudiantes: la demanda del di\u00e1logo p\u00fablico. Pero esa rendija de di\u00e1logo, peque\u00f1a rendija si se quiere, sin duda hizo m\u00e1s dif\u00edcil comprender lo que sucedi\u00f3 apenas un d\u00eda despu\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis informa que una vez que fueron desnudados, golpeados y apresados (ser\u00eda mejor decir, secuestrados), bien entrada la noche, se segu\u00edan escuchando disparos. \u201cYa no eran fuego nutrido, pero las detonaciones aisladas segu\u00edan\u201d. \u00c9l mismo se pregunta \u00bfqui\u00e9nes eran?, \u00bfde qu\u00e9 se trataba? Y casi 50 a\u00f1os despu\u00e9s esas interrogaciones siguen abiertas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay en los testimonios de Luis varios episodios conmovedores. Pero quiz\u00e1 los m\u00e1s entra\u00f1ables son aquellos en los que diferentes soldados an\u00f3nimos se compadecieron y le ayudaron. Aquel que le dio \u201cmel\u00f3n de su rancho\u201d, mientras lo sacaban de la plaza para llevarlo al Campo Militar n\u00famero uno; el que le ofreci\u00f3 una cobija estando en su celda incomunicado o el del teniente que se golpeaba con el pu\u00f1o su propia mano, fingiendo que pegaba a Luis, para que los que escuchaban fuera creyeran que eso estaba sucediendo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La v\u00edctima sabe que reconocer esos actos de piedad por parte de los victimarios (que en estos casos, quiz\u00e1 tambi\u00e9n sean v\u00edctimas) es un acto de honradez intelectual que ayuda a comprender la complejidad de las situaciones, trascender las versiones en blanco y negro y entender los laberintos de eso que llamamos la condici\u00f3n humana. Se trata de un relato honesto, sin afeites, sin exageraciones, sin ganas de construir h\u00e9roes. Y conste que en buena medida lo fueron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El testimonio tambi\u00e9n contiene una reflexi\u00f3n sobre c\u00f3mo una f\u00f3rmula de representaci\u00f3n que coagul\u00f3 en el Comit\u00e9 Nacional de Huelga (CNH), y que reivindic\u00f3 siempre el lazo entre representantes y representados a trav\u00e9s de elecciones, luego de la derrota, mut\u00f3 de manera radical, en los llamados comit\u00e9s de lucha: que \u201cnunca m\u00e1s volvieron a citar a elecciones\u201d, que se volvieron autorreferenciales, cerrados, sin aut\u00e9nticos puentes de comunicaci\u00f3n con la mayor\u00eda de los estudiantes, de tal suerte, dice Luis, se pas\u00f3 de la \u201cmini-democracia a la dictadura de los comit\u00e9s de lucha\u201d. Una derivaci\u00f3n no planeada ni pensada del 68 que acab\u00f3 con la organizaci\u00f3n y representaci\u00f3n de los estudiantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis reconstruye la forma en que escribi\u00f3, en la c\u00e1rcel, su libro cl\u00e1sico Los d\u00edas y los a\u00f1os (ERA, 1971), c\u00f3mo entr\u00f3 en contacto con Elena Poniatowska, como ella le pidi\u00f3 permiso para utilizar algunas partes en el relato coral de la matanza que quedar\u00eda plasmado en otro cl\u00e1sico, La noche de Tlatelolco (ERA, 1971). Y tambi\u00e9n, la forma y el por qu\u00e9 estall\u00f3 entre ellos \u201cuna tormenta\u201d. En 1997 Luis le demand\u00f3 a Elena Poniatowska una revisi\u00f3n de su libro, porque en diferentes pasajes se le atribu\u00eda a diferentes personas dichos que no eran de ellos sino de otros. Por supuesto, algunas eran expresiones triviales, pero otras, simple y llanamente no pod\u00edan ser, porque el \u201ctestigo\u201d no hab\u00eda estado en el lugar que le hubiese permitido dar testimonio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis le propon\u00eda que a cada narrador se le asignaran \u201csus palabras\u201d, porque por ejemplo el B\u00faho, Eduardo Valle, no pod\u00eda haber dicho lo que se le atribu\u00eda por la simple y definitiva raz\u00f3n que \u00e9l estaba en otra parte. Era necesario, seg\u00fan su criterio, \u201cuna reedici\u00f3n, minuciosamente corregida e hist\u00f3ricamente apegada a los hechos\u201d. \u201cEstoy solicitando a Elena que ponga en voces de quienes corresponde cada p\u00e1rrafo\u201d. \u201cNo estoy acusando a Elena de plagio ni de fraude\u2026Le estoy solicitando, \u00fanica y exclusivamente, que atribuya a cada narrador sus palabras\u201d. Elena Poniatowska \u2013seg\u00fan la versi\u00f3n de Luis- le reclam\u00f3 que presentara esa exigencia casi 30 a\u00f1os despu\u00e9s y qu\u00e9 la hubiese hecha p\u00fablica sin antes buscar alg\u00fan arreglo entre ellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y ello sell\u00f3 un distanciamiento que se mantuvo por siempre. Hay que se\u00f1alar, sin embargo, como lo hace el propio Luis, que luego de una demanda ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor, en 1998 las partes firmaron un acuerdo, \u201cpor el que ha quedado concluido el asunto de forma muy satisfactoria y civilizada, lo cual honra a Elena Poniatowska y a Ediciones ERA\u201d. El acuerdo obligaba a incorporar a la obra las correcciones planteadas por Luis y desde 1999, La noche de Tlatelolco aparece con ellas. Luis no demandaba la reparaci\u00f3n de alg\u00fan da\u00f1o patrimonial, sino que cada actor apareciera con su propia voz. Por su parte, Elena Poniatowska, sin dolo alguno, utiliz\u00f3 el material de Luis y otro que le entreg\u00f3 Ra\u00fal \u00c1lvarez Gar\u00edn, para confeccionar un relato colectivo c\u00e9lebre sin darle mayor importancia a la correspondencia entre el \u201chablante\u201d y lo que dec\u00eda porque el objetivo era precisamente una recreaci\u00f3n, a distintas voces, de los acontecimientos de Tlatelolco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis fue para m\u00ed primero un compa\u00f1ero en los afanes por forjar un sindicalismo universitario democr\u00e1tico, luego un amigo entra\u00f1able y siempre un maestro, aunque fuera a distancia. Su heterodoxia, su aguda inteligencia e iron\u00eda, su capacidad de indignaci\u00f3n y su enorme valent\u00eda para enfrentar lo que \u00e9l consideraba consejas est\u00fapidas, comportamientos dolosos y pol\u00edticas indeseables, quedan ah\u00ed como un ejemplo de coherencia. Pero creo \u2013tambi\u00e9n- que en ocasiones su ira lo nublaba. El trato a algunos de sus compa\u00f1eros que tomaron rumbos que a Luis desagradaban y a la propia Elena Poniatowska, no solamente resultan demasiado severos, sino, en ocasiones, injustos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las fotos que acompa\u00f1an al libro merecen unas palabras. Se trata de fotograf\u00edas tomadas en Lecumberri. Un pasadizo hacia el pasado, a los d\u00edas en que varias decenas de j\u00f3venes fueron recluidos en el llamado Palacio Negro porque se hab\u00edan atrevido a desafiar al poder presidencial, entonces reverenciado y temido. Ah\u00ed aparece un Luis joven, bigotudo, so\u00f1ador o desde\u00f1oso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ninguna sonr\u00ede, como lo hacen algunos de sus compa\u00f1eros. Tiempos dif\u00edciles, sin duda. Est\u00e1 acompa\u00f1ado de F\u00e9lix Hern\u00e1ndez Gamundi, Ra\u00fal \u00c1lvarez Gar\u00edn, Arturo Zama, F\u00e9lix Goded, Pablo G\u00f3mez, Eduardo de la Vega, y otros. Son un testimonio, cargado de nostalgia amarga, que recuerda que buena parte de las libertades que hoy se ejercen, son el resultado de los esfuerzos y penalidades de generaciones previas, entre las que sin duda destaca, la llamada del 68.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luis Gonz\u00e1lez de Alba. Tlatelolco aquella tarde. Cal y Arena. M\u00e9xico. 2016. 130 p\u00e1gs\u2026. \u00a0 En efecto, aquella tarde, la del 2 de octubre de 1968, marc\u00f3 la vida de Luis Gonz\u00e1lez de Alba. La de \u00e9l y sus compa\u00f1eros, los que participaron en las movilizaciones estudiantiles de aquel a\u00f1o. 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