Objetos, símbolos y signos

Los grandes autores siempre dejan conocimiento que sirve para toda la vida.

Doy paso a uno de estos sabios para despejar una tesis particular sobre las turbulencias electorales que vivimos.

Se trata de Jean Baudrillard y su obra «El Sistema de los Objetos».

Con esta lectura podemos acercarnos de una manera muy gráfica al mundo de los objetos y al impacto que causan en la sociedad.

Un submundo que no apreciamos a simple vista, dentro del cual navegamos a diario, y nos interconectamos con esta maravillosa flora inerte de las cosas.

Convivir con los objetos es como rozarnos con nosotros mismos. Ahí están y forman parte de nuestra cotidianeidad y no concebimos que sean un mundo aparte, sino que son intrínsecos a nuestra realidad.

Despejemos otra categoría: la semiótica.

Ciencia que estudia los diferentes sistemas de signos que permiten la comunicación entre individuos, y referente entre sí para proyectar una realidad: percepción.

Hasta aquí la mamuca densidad científica.

El punto al que quiero llegar, es que:

Nos encontramos ante la muerte de las ideologías, pero como los espacios no quedan vacíos, sino otros cuerpos los ocupan, en materia político-electoral, inventamos signos que quizás con el tiempo se vuelvan símbolos.

Un símbolo es una representación gráfica que puede ser parte del signo.

Ambos transmiten ideas en las culturas prealfabetizadas o prácticamente analfabetas.

Pero su utilidad no es menor entre las verbalmente alfabetizadas: al contrario, es mayor.

En la sociedad de hoy, tecnológicamente desarrollada, con su exigencia de comprensión inmediata, los signos y símbolos son muy eficaces para producir una respuesta rápida.

Los millennials por ejemplo, ya no leen, se identifican por lenguajes que revolucionan el mundo de la comunicación.

Su estricta atención a los elementos visuales principales y su simplicidad estructural, proporcionan facilidad de percepción y memoria. Los textos breves, incluso de horrenda ortografía, los hace empáticos entre sí y se aíslan.

En el caso que nos ocupa, los signos y símbolos no necesariamente deben ser  gráficos sino un trazo, una marca, dentro de los sistemas de notación capaces de transmitir el significado de conceptos, palabras o sonidos simples.

Los signos pueden ser comprendidos por los seres humanos y, algunos, por los animales; los símbolos no. Los signos señalan; son específicos de un cometido o una circunstancia.

Los símbolos tienen un significado más amplio y menos concreto.

Por lo pronto vemos y escuchamos signos inconexos de los cuales surge la liberación de la lógica hacia el salto de la interpretación. Es una forma particular de inteligencia. Códigos.

En teoría de la comunicación, un código es un conjunto de elementos que se combinan siguiendo ciertas reglas y que son semánticamente interpretables, lo cual permite intercambiar información.

En este contexto las sociedades humanas se caracterizan principalmente porque, valiéndose de unidades sonoras significativa, lograr comunicarse a través del código más complejo las lenguas humanas o código lingüísticos.

A medida que abandonemos una época fundamentada en la cultura escrita y la imprenta, para entrar en un entorno dominado por la tecnología visual y auditiva, las reglas básicas de la comunicación cambiarán. Los símbolos y signos servirán en un futuro, como lo hicieron en el pasado.

El problema aquí, es que hemos convertido nuestro entorno en un caos donde la corrupción casi es un valor aceptado.

Desde el concepto LAYÍN, de “robar poquito”, hasta el reciente caso del funcionario municipal en Ciudad Juárez que “invita” a sus familiares a enriquecerse con licitaciones a modo y asegura que no hay conflicto de interés.

O los casos de los candidatos del PRI y PAN a la presidencia de México, que insisten en que el lavado de dinero y el desvío de recursos, son pecata minuta y nada nocivos para la salud política y económica del país.

Signos que luego con el tiempo, se transforman en símbolos negativos. Pero símbolos al fin.

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