México come lumbre

Jorge G. Castañeda

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En los años sesenta los estudiantes de varios países latinoamericanos se arremolinaban ante las embajadas de Estados Unidos y gritaban “Cuba Sí, Yanquis No”. Algunos trasnochados lo vociferan todavía.

Tenían algo de razón, en la medida en que hace medio siglo y un poco más, Washington efectivamente atacaba frontalmente al régimen de Fidel Castro, y éste representaba algo trascendente en el firmamento de los países en desarrollo. Hoy algunos mexicanos debieran exclamar “Pemex Sí, Cuba No”, y el gobierno de Sheinbaum debiera pensar muy bien qué quiere hacer con la isla.

Los términos del dilema o trifecta son claros. Por un lado, la dictadura cubana -bienvenido Gabriel Boric– se encuentra probablemente en el peor momento de su historia. Con el fin de los envíos de petróleo venezolano, y de los envíos -reducidos- de recursos de Venezuela en pago por los servicios médicos y de seguridad cubanos, la economía isleña no tiene salida.

No produce nada, y no tiene un centavo para comprar lo que no produce. O consiguen nuevos mecenas, o pactan con Washington, o esperan resignados a que la gente reviente.

El segundo polo de la trifecta es Trump. Aunque algunos piensan -o desean- que el mandatario estadounidense tema un éxodo migratorio masivo si cayera el régimen castrista, me permito pensar que salvo una que otra excepción en su entorno, todos sus colaboradores y aliados procurarán derrocar al gobierno de Díaz-Canel en un mediano plazo.

Intentarán lograrlo apretando las tuercas lo más posible -remesas, viajes, vuelos, petróleo, más sanciones- en lugar de recurrir a alguna acción militar, pero si no alcanzan su objetivo así, no la descarto. Los cubanos no tienen nada que ofrecer en materia de cambio, salvo elecciones, partidos, libertades, etc, y no lo van a hacer, por lo menos en vida de Raúl Castro.

La tercera pata del tripié es México. Gracias a una falsa lectura de la historia, según la cual hemos sido exitosos intermediarios entre Washington y La Habana -no es cierto: ver Backchannel de William Leogrande y Peter Kornbluh- algunos en el gobierno piensan -los de Morena fuera del gobierno no piensan- que México puede desempeñar un papel positivo para evitar lo peor.

De allí la irresponsable decisión de enviar petróleo a Cuba, en cantidades significativas en 2024 y hasta septiembre de 2025 -según los medios, 22 mil barriles diarios- y menores a partir de entonces (7 mil barriles diarios).

Más allá de si Pemex le mintió a la SEC o no, es evidente que varios funcionarios norteamericanos, desde Marco Rubio hasta el embajador Johnson, han compartido con el gobierno mexicano su malestar por esa obcecación. Y ni hablemos de los “tres cubanos locos” de Florida.

Por otra parte, aunque México pudiera convencer a alguien más -Brasil, Colombia, Argelia, Canadá- de regalarle crudo a Cuba, no se ve que Sheinbaum y su equipo puedan o quieran persuadir a la dictadura de abrir en serio el sistema político de la isla. Así, pues, México pone en peligro la relación con Trump vía la esperanza de alcanzar una mediación o apoyo a Cuba inverosímil, suponiendo que valiera la pena si fuera posible. No se ve la lógica de este enfoque.

El problema de fondo radica en la ya clásica negativa cubana a colocar en la mesa la naturaleza de su régimen político. Los cubanos, sus partidarios en el gobierno de México, e incluso muchos liberales o progresistas norteamericanos, se hallan dispuestos a impulsar transformaciones económicas de cierto calado. Aceptarían mayores facilidades para el sector privado, para la inversión extranjera, para que los campesinos vendan sus productos libremente, incluso que Miami pueda adquirir propiedades directamente.

Me temo que es too little, too late. Con Trump y Rubio, todo eso no basta, y Cuba tiene muy poco que ofrecer más que el cambio de régimen. A Trump tal vez le atraiga la idea de construir hoteles en Varadero y el Cayito, pero Rubio me parece que busca “the whole enchilada”.

México puede seguir con su imprudencia, pensando que con mandar más narcos ilegalmente a Estados Unidos la Casa Blanca le va a perdonar su herejía. A la larga, lo dudo. Ningún otro país que simpatiza con La Habana lo hace.

Lula, tan nostálgico como Sheinbaum por Silvio Rodríguez y Carlos Puebla, y que dispone del triple de la producción petrolera mexicana, no ha despachado un solo barril de crudo a la isla. No come lumbre. ¿Por qué México sí?

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Lo frívolo y lo serio

José Woldenberg ___________________________ Dicen por ahí que no hay nada nuevo bajo el sol. No lo creo, pero… Hace 120 años exactos (vean la fecha por favor) G. K. Chesterton escribió: “como nos hemos tomado muy en serio las cosas frívolas, naturalmente que nos tomamos las cosas serias muy frívolamente”. El 25 de agosto de 1906 apareció en el semanario gráfico Illustrated London News, su artículo “Sobre los quesos locales. La seriedad en el baile y los deportes”, en el

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