El presidente de la república es un mal ejemplo para la gente en el país. No porta cubre bocas o mascarilla en lugares públicos cuando está con gente.
Sí, está a la distancia requerida, pero la imagen que da, el mensaje que envía no es lo que se esperaría de un jefe de estado, del “líder” de una nación que tiene más de 62 mil muertos por Covid-19.
Lo que hace provoca un efecto contrario. No ayuda para lo bueno, sino para lo malo. Es un mal ejemplo.
El mal ejemplo cunde, como lo hace el buen ejemplo. Al que le llamamos así, ejemplo. No se le agrega nada. Se puede decir buen ejemplo, claro.
El mal ejemplo para definirlo tiene su nombre propio. Se llama Contra Ejemplo.
En mi entrega de ayer le decía que el presidente López Obrador estaría hoy en Nuevo León. Ahí se encuentra.
Esta mañana se ha presentado a la conferencia de prensa que acostumbra, sin cubrebocas. Todo su equipo ha hecho lo mismo.
Siguen el contraejemplo de su jefe, o saben que tendrían problema por evidenciarlo en el no uso de cubrenbocas.
El gobernador de Nuevo León, apodado “El Bronco”, por supuesto que usa su cubrebocas. Es una disposición que su secretario de salud ha decretado en el estado para tratar de combatir el esparcimiento del Coronavirus y la gente en el estado de Nuevo León siga muriendo.
Hasta ayer eran más de 26 mil los muertos por Covid. Por ello, el secretario estatal de Salud, Manuel de la O Cavazos, ha impuesto el uso del cubrebocas para toda la población cuando esté en espacios públicos
Es una orden, un mandato, un comando de tipo civil para que toda la sociedad neoleonesa coadyuve a que la pandemia se controle, baje. Para que la gente deje de infectarse y, sobre todo, deje de morirse.
Es un mandato oficial. El que las personas que visiten el estado tienen la obligación moral y legal de portar. Es una obligación. Es un deber moral.
La obediencia al deber implica el resistirse a uno mismo. Quien resiste al mandato y no lo obedece no cumple con su deber. Se rebela. Es una persona rebelde.
El presidente de la república se ha rebelado a la disposición oficial, al mandato que impera para todos los ciudadanos o personas que estén en el estado de Nuevo León. No es poca cosa. Tal vez para algunas personas sí lo sea. Pero no lo es. El contra ejemplo enviado da origen a patologías que terminan en tragedias.
Ayer afirmé que el presidente no usaría el cubre bocas. La sabía porque tengo más de 20 años escribiendo y comentando sobre la conducta de un hombre que es rebelde por naturaleza. Por cómo lo ha tratado la vida.
“Al diablo sus instituciones”. Esa frase representa fielmente quién es el presidente de nosotros, los mexicanos. Eso eligieron, eso tenemos.
Al diablo el cubre bocas. Lo puedo ver que dice.
¿Por qué hay mucha gente que no usa cobrebocas al salir a la calle? Porque el presidente no lo usa. Porque López Gatell, tampoco. Porque los funcionarios federales cuando están con su jefe, no lo usan. Sólo cuando está lejos de él, de manera farisaica sí lo llevan puesto en eventos públicos.
Todo ente es un ejemplo y todo ejemplo es ejemplo de algo.
En el ejemplo está el modelo, la regla, la norma y la ley que ilumina el ejemplo empírico y lo dota de significado humana. Sin ello no sería ejemplo, sino solo un caso fortuito y arbitrario.
El ejemplo es “transitivo”.
Su esencia es señalar hacia una regla –ejemplar- que le trasciende. Por lo mismo decimos que El ejemplo arrasa. Porque pasa de una persona a otra. De una generación a otra. Es pues transitivo.
No es un teorema matemático. Es un “precipitado” histórico. Se hace o se dice con mucha prisa.
El ejemplo es una bella obra de arte y de acuerdo a Kant, es arte del genio.
Es la originalidad ejemplar del genio. Quien produce una obra única, irrepetible y nueva en la que brilla una regla universal no enunciable en conceptos que tiende a ser aceptada por los demás. Por la generalidad. Dando inicio a lo que se conoce como Excelencia.
Esa característica de la que tantas personas hablan, pero que pocas describen. Dejan el concepto en el aire y no se entiende a cabalidad. No ejerce su influencia.
El espacio público suele estar ocupado por figuras populares que son ejemplos sin ejemplaridad. Sin excelencia. Como los asaltantes, los narcos de los corridos, como figuras del espectáculo cuyas vidas son escandalosas a más no poder.
Filósofos con ideas e ideologías perniciosas. Y algunas personas catalogadas de intelectuales que da a conocer estas filosofías.
Crean una ejemplaridad lingüística, que es una ejemplaridad abstracta que deja que lo más verdadero de ella, el cuerpo preñado de ley moral- se evapore y se pierda en el éter de los conceptos.
Esencia que hace distinción entre ejemplo y ejemplaridad. Cuando el ejemplo está privado del valor de la ejemplaridad, se toma antiejemplo o contraejemplo y una ejemplaridad sin ejemplo de disuelve en discurso y ruido de palabras.
«La desobediencia a los deberes morales es el mal». Escribió Alfonso Reyes. Escritor de la Cartilla Moral. P-56.
AMLO, promotor de la cartilla de Reyes, sería catalogado por Reyes como malvado, por no usar cubrebocas donde se exige por disposición oficial
Provoca lo mismo, pero negativo. Que se imite. De ahí surgen los asaltos, como los de la Casa de Moneda, en la CDMX, El Banco Argentino o El tiroteo en Walmart en el Paso, TX. O el que no se use cubre bocas, como López Obrador, presidente de México que con su contra ejemplo logra que la pandemia continúe, Y ahí, El Meollo del Asunto.




