
Nueva York, EU.- Pero en los Estados Unidos, en donde al menos 4,6 millones de personas se han infectado y casi 155,000 han muerto, la promesa de esa vacuna se ve obstaculizada por otra epidemia anterior a covid-19: la de la obesidad.
Los científicos saben que las vacunas diseñadas para proteger al público de la gripe, la hepatitis B, el tétanos y la rabia pueden ser menos efectivas en adultos obesos que en la población general, dejándolos más vulnerables a infecciones y enfermedades. Agregan que hay pocas razones para creer que será diferente con una vacuna contra covid-19.
“¿Tendremos el año que viene una vacuna para covid adaptada a los obesos? Seguro que no», dijo Raz Shaikh, profesor asociado de Nutrición en la Universidad de Carolina del Norte-Chapel Hill.
“¿La vacuna funcionará en personas obesas? Nuestra predicción es que no».
Más de 107 millones de adultos estadounidenses son obesos, y su capacidad para volver de manera segura al trabajo, cuidar a sus familias y reanudar la vida diaria podría verse afectada si la vacuna contra el coronavirus les proporciona una inmunidad débil.
El 48% de las mujeres hispanas adultas y el 40% de los hombres hispanos adultos que viven en los Estados Unidos son obesos, según la Oficina de Salud de las Minorías del Departamento de Salud y Servicios Sociales (HHS).
En marzo, al comienzo de la pandemia mundial, un estudio de China que pasó inadvertido descubrió que los pacientes de ese país con covid-19 que pesaban más tenían más probabilidades de morir que los más delgados, un pronóstico peligroso para los Estados Unidos, cuya población se encuentra entre las más pesadas del mundo.
Mientras las terapias intensivas en Nueva York, Nueva Jersey y otros lugares se colmaban de pacientes, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) advirtieron que las personas obesas con un índice de masa corporal de 40 o más, conocido como obesidad mórbida o con un sobrepeso de aproximadamente 100 libras, estaban entre los grupos con mayor riesgo de enfermarse gravemente por covid-19.
Alrededor del 9% de los adultos estadounidenses están en esa categoría.
A medida que pasaron las semanas y se tuvo una imagen más clara de quiénes estaban siendo internados, los funcionarios federales ampliaron su advertencia para incluir a las personas con un índice de masa corporal de 30 o más.
Eso amplió enormemente las filas de las personas consideradas vulnerables a los casos más graves de la infección: el 42,4% de los adultos estadounidenses.
Se sabe desde hace tiempo que la obesidad es un factor de riesgo significativo de muerte por enfermedad cardiovascular y cáncer. Pero los científicos en el campo emergente del inmunometabolismo están descubriendo que l a obesidad también interfiere con la respuesta inmune del cuerpo, poniendo a las personas obesas en mayor riesgo de infección por patógenos como la influenza y el nuevo coronavirus.
Un sistema inmunitario saludable activa y desactiva la inflamación según sea necesario, “llamando” a los glóbulos blancos y liberando proteínas para combatir las infecciones. Las vacunas aprovechan esa respuesta inflamatoria. Pero los análisis de sangre muestran que las personas obesas, con hipertensión o niveles elevados de azúcar en sangre, experimentan un estado de inflamación leve crónica; la inflamación se enciende y permanece encendida.
El tejido adiposo (o grasa) en el abdomen, el hígado y otros órganos no es inerte; contiene células especializadas que liberan moléculas, como la hormona leptina, que los científicos sospechan que inducen este estado crónico de inflamación. (Univision)




