La última novela de Mónica Gutiérrez, La editorial del Señor Bennet, está ambientada en una Barcelona reconocible y mágica al mismo tiempo. La historia arranca cuando Beatriz, periodista sin rumbo tras una entrevista laboral fallida, acepta ayudar a su tío Bruno Bennet en su excéntrica editorial. Esa casa editorial no se aloja en una oficina moderna, sino en una mansión centenaria del Taller Masriera, un edificio neoclásico real en el Ensanche barcelonés. La autora juega con esa localización real: mientras el edificio existe, el interior es pura imaginación, con recovecos laberínticos llenos de libros y personajes pintorescos.

El planteamiento es sencillo y acogedor: Bruno se marcha en busca de un manuscrito legendario y deja a su sobrina al frente del negocio. Beatriz, que pensaba que trabajar entre libros sería un sueño, descubre pronto que la editorial publica clásicos “que nunca pasarán de moda” y autores que quizá nunca lleguen a estarlo. Tendrá que lidiar con un traductor con modales de lord inglés, dos editores algo siniestros, un perro‑poni que deambula por la oficina y cinco autores singularísimos a quienes debe perseguir para que entreguen su novela. En resumen: diez libros que encontrar y diez autores a los que convencer.
El encanto del libro reside en la combinación de humor, ternura y amor por la literatura. Gutiérrez convierte cada capítulo en una carta de amor a los libros y a quienes los hacen posibles. Además de narrar la trama, nos ofrece “una clase divertida y muy amena sobre cómo funciona una editorial desde dentro: corrección de estilo, traducción, diseño de portadas, plazos de entrega”. El tono feel‑good —del que la autora es ya una referente— se sostiene gracias a descripciones cálidas y personajes excéntricos, pero humanos. La novela está salpicada de referencias a grandes obras, de Alicia en el país de las maravillas a guiños a Carlos Ruiz Zafón y a la cultura pop más reciente, creando un universo literario que respira el mismo aire que los lectores.
Como crítica, se puede señalar que la trama no busca grandes giros ni suspense. El mayor conflicto de Beatriz es aprender a organizar el caos creativo mientras gestiona a un equipo peculiar. Sin embargo, esto forma parte del género feel‑good: aquí lo importante es la evolución emocional y el ambiente acogedor. La autora maneja muy bien el ritmo y el humor, de modo que los episodios cotidianos nunca resultan tediosos. La ambientación en Barcelona no es un mero decorado; la ciudad se convierte en otro personaje, con sus calles, cafés y librerías que invitan a pasear.
En conclusión, La editorial del Señor Bennet es una lectura perfecta para quienes buscan refugio entre páginas. Mónica Gutiérrez crea un oasis de letras donde la vida cotidiana y el amor por los libros se mezclan con elegancia y mucho sentido del humor. Si te apetece perderte en una mansión llena de libros, acompañar a una heroína imperfecta y dejarte contagiar por la calidez de la narrativa feel‑good, esta novela te dará exactamente eso.





