Diciembre es lleno de sus festividades en la sociedad mexicana. Desde las fiestas a la Madre de Dios la Virgen de Guadalupe que inicia oficialmente el conocido maratón Guadalupe Reyes y que precisamente con la partida de la rosca termina una de las tradiciones más importantes. Las fiestas de diciembre incluyen la más importantes de las festividades de todos los mexicanos y que es el nacimiento del Niño Dios cuya fiesta principal es la Navidad de la Nochebuena.
Esta temporada decembrina es también un catálogo de buenas intensiones. Un tiempo de reflexión dónde buscamos las metas encontradas, las metas a largo y corto plazo en nuestras vidas. Son momentos para pensar en nuestra espiritualidad, en nuestros orígenes y en nuestros deseos que hacen posible pensar en ser más humanos y alejarnos un poco en nuestra condición materialista. Así, la temporada es propicia para hacer un alto en el camino, propicia la reflexión.
Nuestra sociedad actual se está olvidando de los valores. Ante esta tesis y afirmación que sostengo, habrá quienes digan que no, sin embargo, basta con una ojeada a las cabezas de los titulares de las noticias para darnos cuenta que los valores no sólo se han ido perdiendo, sino que no se practican y en el peor de los casos la misericordia, la confianza en el ser humano y la solidaridad se han ido perdiendo. El amor en las familias es lo único que pueden unir a una sociedad tan alejadas de los ojos de Dios.
Ciudad Juárez a ha sido bendecida este año. La visita papal logró unir a una sociedad transfronteriza que quedó paralizada. Los ojos del mundo estuvieron puestos en la mejor frontera de México. El carisma de un visitante de tal naturaleza hizo que la violencia se detuviera en nuestras calles. La sentencia del avión papal en el que hubo un trato de “alto al fuego” y ello significó un gran logro.
Es decir, si recuperamos la fe, la sociedad podrá cambiar.
A menudo nos preguntamos sobre la razón de nuestras vidas, y deseamos tener cosas materiales, hacer proyectos, prepararnos más, conocer lugares, visitar a ciertas personas. La gran pregunta es ¿Estamos haciendo las cosas necesarias para lograr esos propósitos? Si deseamos pintar nuestra casa, lo primero que necesitamos es comprar la pintura y las brochas. Así podemos resolver muchas de las ideas que queremos tener en nuestras vidas. En la vida práctica a eso le llamamos planeación estratégica.
Las buenas obras perduran, sólo unidos podremos construir la ciudad que queremos. Un deseo personal es que nuestras autoridades se pongan de acuerdo, que socialicen los puntos de vista, que pongan las cartas sobre la mesa y logren un consenso gubernamental. Deben jugar a ganar ganar. Los puentes de comunicación no deben romperse, hay un futuro en lo político más importante que las pasiones personales y tienen la oportunidad histórica de trascender. La contienda electoral de este año ha pasado, es hora de gobernar y tener una relación intergubernamental de altura que permita construir esa ciudad que queremos todos.
Hoy estamos a punto de finalizar un año lleno de bendiciones y también de tristezas compartidas por las pérdidas humanas que estuvieron presentes a largo del camino. Es tiempo de compartir los buenos deseos y sanar las heridas del camino que hemos sufrido. Este año que se va es también una oportunidad de dejar ir los malos sentimientos, de buscar una oportunidad de ser mejores en un valor, en una cualidad, en un oficio que permita mejorar como seres humanos.
Sólo resta decir que el próximo año debe ser mejor que este que termina, no puede ser de otra forma porque esa evolución social permite tener una visión diferente de prosperidad y de bendiciones.
En conclusión, el año 2016 esta a punto de terminar y con el se va un periodo de nuestras vidas. Los buenos deseos están presentes en todo el mes y debe prevalecer así durante todo el año. La prosperidad, los valores y la humanidad deben ser los deseos que impregnen a la sociedad en su conjunto. Inculquemos entonces en las nuevas generaciones esos deseos que necesitamos para recuperar la credibilidad en el ser humano y que nos recuerden el verdadero significado de la Navidad y que es el nacimiento del Niño Dios. Nuestros mejores deseos para Ustedes y que las bendiciones de Dios recaigan en cada uno de sus corazones.





