Estados Unidos e Israel comenzaron la guerra contra Irán para tumbar a la República Islámica y ahora Washington negocia con Teherán la control del estrecho de Ormuz.
Esta rebaja de los objetivos alimenta la teoría de que EE. UU. está sufriendo una “derrota estratégica”. El concepto de «derrota estratégica» se aplica cuando un ejército obtiene una victoria en el campo de batalla pero sin obtener su objetivos políticos, generalmente contra enemigos inferiores militarmente.
Trump y Netanyahu querían alcanzar tres grandes objetivos estratégicos: el fin del programa nuclear iraní, la destrucción de las capacidades balísticas de la República Islámica y también de su red de aliados regionales, conocida como “Eje de la Resistencia”. No han conseguido ninguno de los tres. El hasta ahora fracaso estratégico genera además dudas en la relación preferencial entre EE. UU. e Israel.
Dentro del movimiento Make America Great Again crecen las voces en contra del apoyo militar al Gobierno de Netanyahu, al que consideran responsable de haber arrastrado a EE. UU. a la guerra contra Irán. La consumación de una derrota estratégica de EE. UU. ante Irán sería un episodio más en el surgimiento de un nuevo orden internacional que no acaba de nacer del todo.
Trump lucha ahora por presentar el fin de la guerra como una victoria ante su propio electorado con la vista puesta en los comicios de medio término del próximo noviembre en EE. UU.
Créditos: DW en español.





