Hay libros que llegan como un susurro, suaves, sutiles… pero que al cerrar la última página te dejan el corazón agitado. Cuando el cielo se vuelva amarillo, de Nerea Pascual, es uno de esos libros.
Desde el primer capítulo, Nerea nos sumerge en una historia íntima, casi poética, donde los sentimientos son protagonistas. La autora tiene ese don raro de escribir con delicadeza, como si tejiera con hilos invisibles emociones que todos hemos sentido pero que pocos saben poner en palabras.

La trama gira en torno a los momentos de cambio, a ese instante —a veces imperceptible— en que todo lo que parecía estable se tambalea. Y es ahí donde entra el “cielo amarillo”, esa metáfora poderosa que Nerea utiliza para hablarnos de transformación, esperanza y también de pérdida. No quiero spoilearte, pero hay escenas que son como ver una tormenta a punto de estallar: bellas, intensas, llenas de electricidad emocional.
Lo más bonito del libro, a mi parecer, es su ritmo. No corre, no te empuja, simplemente te acompaña. A veces como un paseo tranquilo por la playa; otras, como una canción que te aprieta el pecho. Y los personajes… ¡ay, los personajes! Son tan humanos, tan frágiles y fuertes a la vez, que uno no puede evitar querer abrazarlos.
Cuando el cielo se vuelva amarillo no es solo una historia. Es una invitación a detenernos, mirar al cielo —literal y metafóricamente— y preguntarnos qué cosas en nuestra vida están a punto de cambiar. Y lo más importante: si estamos listos para aceptarlo.
Ideal para quienes disfrutan de la literatura que toca el alma sin necesidad de grandes fuegos artificiales. Una lectura breve, pero con una resonancia larga. Muy recomendable si estás en busca de un libro que hable de emociones con autenticidad y una pluma que acaricia más que golpea.





