Monday, 16 May 2022 00:00

Tierra de migrantes

Written by  Myrna Pastrana
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Myrna Alicia Pastrana Solís. Myrna Alicia Pastrana Solís.
Un día, un hombre humilde tuvo para comprar una cama nueva y echó la vieja a la banqueta para que la llevara el primero en pedirla; y no tardó en aparecer, un hombre visiblemente pobre quien dijo volvería en 10 minutos, justo el tiempo para ir por una camioneta en casa de su compadre, para esto y previendo que se presentasen más aspirantes le encargó a la vecina de al lado que la cuidara en lo que regresaba, pero ella le previno: conste, sólo 10 minutos.

En eso estaba la vecina cuidando el armatoste de madera cuando se presentó un joven de cabello pelirrojo, preguntando por la misma cama; ella que se encontraba afuera cumpliendo su palabra de cuidadora, le aclaró que ya había sido regalada y que no tardaban en venir a recogerla, apenas 10 minutos; el joven y los bríos que dan el no darse por vencido le dijo.

—Pues ya pasaron los 10 minutos y me la voy a llevar.

—Pues fíjese que no, usted que se la lleva y yo no me quedo callada, llamo a la patrulla.

—Pero mire madre, usted comprenda, si este señor no viene por la cama.

—No me diga madre, yo no soy su mamá.

Los minutos seguían transcurriendo y los ánimos se fueron aplacando. Había curiosidad por saber quién era ese joven que portaba un martillo al cinto a manera de pistola y le comenzó a hacer plática. Así se enteró que el joven era originario de Sinaloa, que vivía en unas tapias de una casa abandonada y que juntaba botes y hacía chambitas para irla pasando, también que un día anterior había acomodado la figura de un Cristo que se había caído en el porche de una casa.

En eso estaba cuando se paró una camioneta y del asiento del copiloto bajó el   hombre que iba a recoger la cama. El semblante del joven se ensombreció, tuvo la certeza que había llegado tarde a la petición del mueble, pero a esta historia todavía le faltaban acciones por concretar.

La vecina se acercó al joven y le dijo:

Usted se levantó y anda en ceros -a lo que el asintió con la cabeza- tenga y le ofreció discretamente un billetito de cien pesos.

— No lo puedo aceptar, contestó él y retrocedió con los brazos cruzados, pero ella se lo acomodó en el pliegue del antebrazo, murmurando él le dio las gracias.

Y el hombre que pujaba por tratar de cargar la cama le ofreció la soda que recién comenzaba a beber.

— Acéptala, nada más le he dado un traguito y gustoso la aceptó.

Lo que siguió fue en un ambiente de camaradería, el joven le ayudó a cargar la cama y los cajones y hasta se dieron la mano al despedirse.

El hombre trató de darle una gordita a la vecina como retribución por haber cuidado su cama, el joven insistía en barrer la calle por el apoyo recibido, pero era mejor que cada quien siguiera su camino.

Sin duda, son actos de generosidad y solidaridad muy propios de los juarenses. Será porque algún día, todos hemos sido migrantes.

Read 491 times Last modified on Sunday, 15 May 2022 14:27
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