Monday, 17 January 2022 00:00

Prohibido el paso

Written by  Myrna Pastrana
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Myrna Alicia Pastrana Solís. Myrna Alicia Pastrana Solís.
¿Serán balas o cohetes? ¿Qué tan lejos?, ¿qué tan cerca? Se preguntaban los vecinos al escuchar el sonido e hizo que aguzaran los oídos. El frío de   enero desanima a cualquiera salir a la calle, es tanto que hasta los gatos de la casa recalan temprano de sus correrías por las azoteas de barrio para echarse a dormir y las puertas se cierran apenas llega el último de los moradores.

El domingo pasado parecía igual al de su antecesor el sábado y también, al del viernes, en que no pasa nada, pero hay otros que tienen un final inesperado, como el de ése día adentro de un bar y al filo de las 9 de la noche. Había un atractivo: la transmisión de un juego de futbol americano. La gran mayoría de aficionados estuvieron atentos al inicio del juego desde sus hogares, pero hubo quienes prefirieron disfrutarlo en un espacio público al calor de una cerveza y unas botanitas.

Al bar entraron una tercia de pistoleros disparando en dirección de la mesa del rincón. Muy pronto, a escasos minutos de lo sucedido llegaron las patrullas para acordonar el área y atrás de ellos, dos ambulancias: los camilleros bajaron con su equipo de primeros auxilios y se cercioraron que no había nada por hacer ni aun si hubiesen estado presentes en el momento mismo del hecho de sangre; los cuerpos sin vida esperarían a ser recogidos por el servicio médico forense y los heridos, temerosos de verse involucrados prefirieron buscar asistencia médica por su cuenta y se fueron como pudieron.

Del otro lado de la calle, una mujer clamaba porque le dejaran romper el cerco policíaco, temía que su hijo estuviera en el bar porque no le contestaba en el celular y razón no le falta.

La noticia se conoció minutos después por los medios de comunicación que reseñaron hasta ese momento, los nombres de los fallecidos y el número de heridos. Acompañaron su nota con un video tomado desde el interior, que muestra el momento mismo en que ocurre la tragedia, prueba de que esto puede suceder en cualquier momento y lugar.

A media noche, las patrullas quitaron el cerco de cinta amarilla y se retiraron. La calle ya no es la misma, hay silencio sepulcral y se advierte más sola que nunca; por la tarde, la camioneta en la que habitualmente viajan los mariachis no llegó, como todos, se enteraron por las noticias de lo sucedido y también, del cierre momentáneo del lugar de trabajo, asimismo los cancioneros de boleros y los vendedores ambulantes, los parqueros, no se diga de los empleados del mismo bar, cocineros, barristas, meseras.

Además del parte policiaco y las investigaciones para dar con los responsables, en la banqueta quedó escrita temporalmente esta historia a través de las marcas de sangre que dejaron los heridos en su huida y en las paredes, cruces invisibles que una mujer santigua con agua bendita.

 

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