Los Epítomes de Laecita - Aída Holguín

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¿Realismo o pesimismo? Si bien la vieja y conocida frase asegura que la esperanza es lo último que muere, tal parece que en Chihuahua la esperanza depositada en nuestras "autoridades" están en plena agonía, esperando el fin de su existencia.

Lo más grave es que no solo se trata de la esperanza muerta; sino también de la fe que en algún momento mantuvimos los ciudadanos en los representantes populares, esperando en vano eso de cumplir y hacer cumplir la Ley.

Tan solo para tener una referencia de lo que –además de seres humanos-- está muriendo en Chihuahua es que mencionaré lo siguiente: la fe, se describe como la creencia o la confianza que se tiene en que una persona, idea o cosa; la esperanza, es un estado de ánimo que representa que lo que deseamos puede ser posible.

La pérdida de estos dos valores anímicos o espirituales y que son parte fundamental de la vida del ser humano, ha quedado de manifiesto en los sucesos de los últimos años pero que se pueden ejemplificar con tres acontecimientos que se presentaron justo en septiembre "el mes de la patria".

Es que los hechos hablan por si mismos, cuando una pareja de adultos mayores que al intentar ser asaltados en su domicilio por dos delincuentes, se vieron orillados quitarle la vida a uno de ellos y dejar herido al otro.  Pareciera que proteger el patrimonio y la integridad física ahora es tarea de cada uno de los ciudadanos y no de de las autoridades.

El segundo acontecimiento se refiere a la liberación de cuatro presuntos multi-homicidas después de que el Ministerio Público del fuero común en el municipio de Ciudad Juárez abandonó su procesamiento por los delitos de robo a mano armada y secuestro; a estos individuos se les acusaba ni más ni menos que de 55 asesinatos.

El tercer y más reciente hecho, es el del linchamiento de dos de cinco secuestradores en el municipio de Ascención.  Este acontecimiento sin precedentes en el estado de Chihuahua, es el resultado de la desconfianza que la ciudadanía tiene en las autoridades que en lugar de procesar y sentenciar a los delincuentes; éstos –aunque son capturados-- por lo regular son dejados en libertad a causa de la incompetencia e ineptitud de las instancias correspondientes a la hora de integrar las averiguaciones.

Es así como día a día los chihuahuenses nos damos cuenta de que los delincuentes capturados son dejados en libertad por falta de pruebas y que comúnmente se deben a las graves deficiencias del sistema de procuración de justicia que más allá de cumplir con su función, provoca la inseguridad de la ciudadanía que día a día es víctima de los delincuentes –en su mayoría reincidentes-- animados por las propias autoridades "incompetentes" para así seguir cometiendo actos delictivos porque éstos no serán sancionados.

Es entonces que nace una interrogante: ¿puede la ciudadanía conservar la esperanza en las instituciones que debieran encargarse de su seguridad?  La respuesta está a la vista: definitivamente no pueden seguir con una esperanza y una fe vivas, en espera de que algo o alguien que no ha dado los resultados esperados súbitamente lo haga.  La justicia por propia mano es la solución que poco a poco se está imponiendo; la esperanza y la fe están agonizando y esto parece no importarle a las autoridades.  El caso es que de seguir esto así, los gobernantes en un futuro no muy lejano ya ni siquiera encontrarán a quien "gobernar" en Chihuahua.

En esta ocasión concluyo con una frase del poeta español Jorge Guillén: "Cuando uno pierde la esperanza se vuelve reaccionario."

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