Los Epítomes de Laecita - Aída Holguín

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En Chihuahua ya hay Gobernador. César Duarte, el nuevo mandatario, recibe una herencia que sin lugar a dudas viene de su propia familia partidista y que difícilmente puede rechazar; se trata de una herencia genética que ha sufrido diversas mutaciones en el transcurso de más de 70 años pero que en esencia sigue ahí.

Hablar de la herencia que recibe Duarte, no comprende solo lo relacionado con el crimen organizado que los últimos doce años –con Patricio Martínez y Reyes Baeza-- se incrementó de manera descontrolada; tampoco se limita a la impunidad que en el sexenio de Reyes Baeza creció como maleza en un pantano.   En realidad se trata de de una serie de actos que con el transcurso de los años han ido haciéndose parte de la forma de gobernar del Partido Revolucionario Institucional.

Si bien es cierto, que en el sistema administrativo y judicial nacional aún hay muchas tareas pendientes en aras de mejorar la impartición de justicia y el quehacer público para seguir fortaleciendo la democracia y el funcionamiento del Estado, también es cierto que el Presidente Calderón ha sido el único mandatario de la nación que ha tenido las agallas de lidiar con una herencia que nadie desearía, y además aceptar el reto que implica luchar en contra del crimen organizado fortalecido en los anteriores sexenios.

En el caso específico del Estado de Chihuahua, es necesario considerar que solo un gobernador ha sido de otra extracción partidista y que el PRI ha gobernado el estado de Chihuahua por más de 70 años con la única interrupción del periodo 1992-1998 en el que gobernó Francisco Barrio Terrazas.  En otras palabras, Chihuahua ha tenido 36 gobernadores priístas en un lapso de 75 años –sin contar la presente administración-- solo uno de otro partido.

Con una herencia que se ve, se siente y se ha demostrado en 75 años; César Duarte no puede tratar de hacernos creer que él es un mesías que salvará a Chihuahua de los problemas en los que su misma familia política nos metió con el paso de los años, menos cuando le acompaña la más rancia y arraigada cultura priista del besamanos y el dispendio de recursos en un acto de mero lucimiento personal con el que marca el inicio del sexenio estatal.

Gritar y manotear para decirnos que él pondrá orden, tranquilizará a Chihuahua, y combatirá la pobreza y la desigualdad, no es un discurso aceptable ni alentador, porque el detalle es que Chihuahua nunca se debió haberse desordenado, ni intranquilizado y la pobreza y la desigualdad vienen de muchos sexenios atrás.

El discurso de "deslinde" de la nueva administración hacia Reyes Baeza, no oculta –y hace evidente-- el nexo que la presente administración tiene con Patricio Martínez, y es que los chihuahuenses no olvidamos que durante la administración de Patricio fue cuando el crimen organizado comenzó a reforzar las redes que finalmente terminaron atrapando a nuestro estado.

Actualmente los chihuahuenses más que discursos, queremos acciones y exigimos resultados por parte de las autoridades, de los servidores públicos y de nuestros representantes populares.  Por el bien de Chihuahua, en verdad queremos otorgarle el beneficio de la duda al nuevo Gobernador, pero para que eso suceda necesitamos que coopere.  Con acarreos multitudinarios a su toma de protesta, con gritos, con manoteos, derroche de recursos y regalando mandiles, la verdad es que no está cooperando en lo más mínimo.

Los chihuahuenses estamos dispuestos a seguir haciendo lo que nos corresponde como ciudadanos para que nuestro estado salga adelante; solo es cuestión de que el Gobierno ahora dirigido por César Duarte tenga la voluntad de asumir su responsabilidad y actuar con humildad para que las nuevas páginas que se escribirán en la historia de Chihuahua sean muy distintas a las del legado genético.   Con 75 años contados son suficientes, no necesitamos otros seis.

Esta vez concluyo con parte de un texto del magistrado jubilado de origen español Ramón Maciá Gómez: "El honor es la herencia que todos, por igual, recibimos al acabar la infancia. Esa herencia cada cual la administra en cada acto del resto de su vida […] Lo normal es que todos hayamos modificado nuestro honor, honorabilidad o heteroestima, pero siempre cabe la posibilidad de remodelar, reconducir y modificar la conducta para reconstruir el honor".

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