He escrito a lo largo de varios meses por ser esta una modesta forma de alzar la voz, convencida de estar transmitiendo el sentir de muchos.

Un repaso por este esfuerzo semanal es reflejo fiel de lo que vive Chihuahua y sus habitantes.  Poco espacio ha quedado para los sueños de esperanza y de optimismo; y sin embargo, la persistencia intenta mantenerse a la altura del tesón de la raza y el temple que nos ha caracterizado a lo largo de la historia y el desarrollo de esta región del país que también es México.

Y es que sobrevivir en un estado como Chihuahua, hace difícil comprender por qué en tan pocos años la tranquilidad nos fue arrebatada por los grupos del crimen organizado con la ayuda directa o indirecta de las "autoridades", hace además difícil escribir lo que se ve, se siente y se vive.

En busca de un término correcto para expresar el sentimiento que los chihuahuenses experimentamos, el único que lo dice todo es: "impotencia"; impotencia de ver como en tan corto lapso de tiempo se ha perdido no solo la tranquilidad, sino la oportunidad de tener una mejor calidad de vida e incluso de tener tan solo la vida; así a secas.

Y es que en verdad se extraña y se añora esa paz que caracterizaba al Estado de Chihuahua, tanto así, que ahora muchas de las actividades cotidianas, ahora solo son como una especie de cuento de hadas que se le cuenta a los niños.

Es por eso, que incluso escribir lo que sucede en nuestro Chihuahua se convierte en algo tan difícil, porque así de complicada es nuestra actual situación.  Se trata de una realidad que algunos tratan de ignorar, otros tratan de ocultar y otros tantos de evadir; sin embargo, todos –sin excepción-- intentamos sobrevivir.

Simplemente es difícil entender ¿qué es lo que le ha sucedido a Chihuahua?, ¿por qué se permitió que las cosas llegaran hasta este punto?, ¿por qué no se hizo nada en el momento en que esto se pudo haber controlado?; y lo más importante: ¿por qué los chihuahuenses hemos permanecido callados e inactivos por tanto tiempo?.

Actualmente en Chihuahua, incluso escribir representa un riesgo, entra en juego la censura o incluso la autocensura, es entonces cuando escribir resulta complicado por muchas razones: ya sea por la impotencia de ver que cada día nuestra situación empeora, por temor a decir las cosas como son, por ser presas de la censura o por no poder escribir lo que algunos quisieran leer.

Sin embargo –y aún navegando contra corriente--, los chihuahuenses valientes, nobles y leales somos muchos más que aquellos que han demostrado no serlo; y es ahí donde hay que encontrar la fortaleza para dar lo mejor de nosotros para recuperar a ese Chihuahua que aunque ahora es un cuento de hadas, en un futuro puede volver a ser esta tierra norteña en donde se puede vivir en paz.

Sí resulta difícil hacer muchas cosas, pero más difícil resulta quedarse con los brazos cruzados viendo como Chihuahua se hunde cada día más.  La decisión es de cada uno de nosotros: hacer lo que esté en nuestras manos o quedarnos con los brazos cruzados y en el mudo silencio cómplice de la impunidad que representa una boca cerrada por el miedo.

Concluyo recordando lo que el dramaturgo estadounidense Arthur Miller afirmó alguna vez: "Escribo acerca de los dilemas privados que se han convertido en calamidades públicas."