En Chihuahua, una de las frases más famosas de película se hace realidad.  Se trata del largometraje "El sexto sentido" cuya trama se basa en la historia de un aterrorizado y confuso niño de 8 años bajo tratamiento psicológico porque constantemente veía gente muerta.  De ahí la escena y frase más recordada de ese filme: I see dead people (veo gente muerta).

Bueno, pues en Chihuahua desde hace algunos años no hace falta tener un sexto sentido para que la ciudadanía vea diariamente gente muerta por doquier.

No se puede negar que en otros lugares de la República Mexicana suceden estos desagradables hechos; sin embargo, tampoco se puede tratar de ocultar que el estado de Chihuahua y especialmente Cd. Juárez encabezan la lista de los lugares más violentos y con mayor número de muertos por esa causa.

Así, los ciudadanos de este Estado, estamos obligados a ver --sin desearlo-- desgarradoras imágenes en vivo o a través de los medios de comunicación, de las miles de personas que han sido acribilladas a manos del crimen organizado y cuya muerte, causas y aprehensión de los responsables han quedado en su gran mayoría impunes gracias a la desorganización de nuestras autoridades.

Lo más cruel de este asunto, es que el día menos pensado --tal y como sucede en el “sexto sentido”--; alguien nos verá muertos a nosotros debido a que no es posible transitar tranquilamente por las calles, ni estar seguros en nuestras propias casa porque en momento menos pensado estaremos expuestos a la violencia en cualquiera de sus manifestaciones, cosa que ya es común y bastante corriente en el estado de Chihuahua.

Las “autoridades” estatales han dicho que esto se debe a una situación “atípica”; circunstancia totalmente inaceptable, porque la violencia y los asesinatos no debieran ser caso “típico”; mucho menos es racional decir que es “atípica”.  El caso es que durante los últimos años los chihuahuenses nos estamos enfrentando a esta ola de violencia “atípica” en la que las “autoridades” sí están protegidas por guardaespaldas pagados con los impuestos de la ciudadanía.

Desde hace mucho tiempo, y en reiteradas ocasiones, el gobierno estatal ha dicho que se compromete a recuperar la paz social que se ha quebrantado por el actuar de la delincuencia organizada; de la misma forma, ha dicho que se compromete a esclarecer todos los homicidios ocurridos en el estado.  Lo único que se puede decir al respecto, es que le apuren porque ya se les están amontonando y aún no vemos resultados que indiquen la existencia plena de una voluntad y sobre todo, de la eficacia para hacerlo.

Mientras que estamos en espera de eso, los chihuahuenses seguimos escuchando, viendo y leyendo que lamentan, reprueban y condenan los asesinatos. Sinceramente la ciudadanía no necesita que condenen ni que reprueben de manera verbal o a través de comunicados de prensa; mucho menos necesitamos que se lamenten porque hay miles de familias que ya lo hacen mucho más que ellos al ver morir a sus seres queridos sin que tengan una respuesta por parte de las “autoridades competentes”.

Lo que la ciudadanía demanda son acciones concretas para que esto termine, para que la impunidad –que ya es cosa típica en nuestro Estado-- no siga alimentando a esa ola de violencia y para que la justicia en verdad se haga presente en nuestro estado; es urgente que los funcionarios asuman sus responsabilidades para que los chihuahuenses dejemos de ver gente muerta.

Finalizo en esta ocasión con una frase del poeta, prosista y clérigo John Done: “La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo formo parte de la humanidad; por tanto nunca mandes a nadie a preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti”.